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El Blog de Daniel Higa Alquicira

El fútbol femenil y su eterna lucha por la igualdad salarial

El fútbol femenil y su eterna lucha por la igualdad salarial

Actualmente el fútbol femenil se ha convertido en una actividad muy atractiva tanto para las que lo practican como para los aficionados. El Mundial Femenil celebrado en Francia en 2019, en donde la selección de los Estados Unidos de la mano de Megan Rapinoe ganó el título al imponerse a su similar de los Países Bajos por 2 goles a cero, es la mejor muestra de esta evolución.

La final se disputó en el Estadio Parc Olympique Lyonnais de Lyon, con 57,900 espectadores y una audiencia a nivel global de 1120 millones de personas conectados a medios tradicionales o plataformas digitales, con lo que se marcó un récord histórico de acuerdo a cifras oficiales de la FIFA.

Así, la final entre Estados Unidos y Países Bajos fue el partido más visto de la historia de los Mundiales femeninos.

El comienzo de la lucha

Sin embargo, varias décadas antes de esto, en 1971 se jugó en México un Mundial (no reconocido por la FIFA) en donde la final la disputaron las locales contra Dinamarca, quien a la postre ganó el título, pero el dato relevante es que el partido se realizó en el Estadio Azteca ante más de 110.000 personas.

Un récord de asistencia que no se ha podido igualar pero también fue el inicio de la lucha por la igualdad salarial que a lo largo de tanto tiempo han exigido las futbolistas en todo el mundo.

En ese ya muy lejano verano de 1971, las seleccionadas mexicanas estuvieron a punto de no jugar la final ya que exigieron a los directivos y organizadores del evento, una paga por su participación pero el incentivo económico fue negado de manera rotunda, con la justificación de que eran amateurs y por lo tanto, ya era suficiente premio poder jugar en el Estadio Azteca un torneo internacional.

Como había sucedido con cualquier intento anterior que involucraba a las mujeres jugando al fútbol, los medios de comunicación y la opinión publica tampoco apoyaron las peticiones de las mexicanas e incluso, fueron criticadas y motivo de burlas, tal como lo explica Alicia ‘La Pelé’ Vargas, la máxima figura de la selección nacional de esa época.

“El fútbol femenino no era aceptado por el hombre. La sociedad mexicana era muy machista y nos criticaban porque lo consideraban varonil”, explica Vargas en una entrevista para el periódico La Vanguardia.

Las capitanas americanas

Peticiones similares con respecto a mejoras salariales e igualdad de oportunidades las hicieron 48 años después las estadounidenses en el Mundial de Francia. Megan Rapinoe, quien es considerada como una de las mejores jugadoras del mundo en la actualidad y en 2019 fue la estrella de su selección, levantó la voz para exigir a la FIFA y a su presidente, Gianni Infantino, que las diferencias salariales y de condiciones laborales entre los hombres y las mujeres se reduzcan. 

"Está muy bien que hablen de inversión, pero la brecha sigue creciendo. A eso me refiero cuando digo que no nos respetan igual que a los hombres. Es una cuestión de interés. Si realmente te interesamos, no solo anuncias mejoras, sino que evitas que la brecha crezca", dijo la estrella estadounidense. 

Pero esta no fue la única ocasión en donde las jugadoras de las “barras y las estrellas” han exigido la tan anhelada igualdad salarial, ya que en 2016 las capitanas de su selección Carli Lloyd, Becky Sauerbrunn y Alex Morgan, firmaron un documento a través del cual hacían ver el poco apoyo que recibían de la Federación de los Estados Unidos en comparación con el equipo varonil, el cual dicen las jugadoras, no ha ganado nada y recibe millones de dólares en premios y salarios.

Las jugadoras explicaban en ese documento que retoma el El Diario, que"La Federación ha afirmado que las realidades del mercado hacen que las mujeres no merezcan ser pagadas igual que los hombres. Admite una discriminación de género incluso teniendo en cuenta que las mujeres hemos ganado más campeonatos y hemos tenido audiencias televisivas más altas", explicaban las jugadoras en ese documento que retoma.

Pasos hacia la igualdad salarial

Otro acto de rebelión en contra de las desigualdades salariales, lo dio la noruega Ada Heberberg,  delantera del Olympique de Lyon, quien decidió no jugar el Mundial Francia 2019 como un acto de protesta por las condiciones de desigualdad que se viven en el fútbol de su país. Cabe recordar que ella es la primera mujer en la historia en ganar un Balón de Oro que otorga la revista France Football y fue considerada en 2018 como la mejor jugadora del mundo. 

Esta presión mediática tuvo algunas repercusiones positivas, como el hecho de que la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) anunció en septiembre de 2019, que equiparaba los ingresos de los hombres y las mujeres

Rogério Caboclo, presidente de la CBF, señaló: “se ha igualado el premio en dinero y las tarifas diarias entre el fútbol masculino y el femenino”. Y aseguró: “No hay más diferencia de género en relación con la remuneración entre hombres y mujeres".

Con esto la CBF se unió a países como Australia, Noruega y Nueva Zelanda, en donde los futbolistas seleccionados sin importar el género, tienen un ingreso equiparable.

La dura realidad de las futbolistas

Pero a pesar de la visibilidad que tienen estas súper figuras del fútbol femenil a nivel mundial y que se han convertido en líderes naturales de las exigencias feministas, la realidad es mucho más grave cuando se habla de las ligas locales, sobre todo en países de América Latina y particularmente en México, en donde las futbolistas sufren carencias, salarios raquíticos, poco apoyo de los equipos y una discriminación constante con respecto a las condiciones laborales.

De acuerdo al Global Sports Salaries Survey, publicado por el sitio Sportingintelligence, en 2017 el sueldo del astro brasileño Neymar, jugador del París Saint-Germain, fue de 43.8 millones de dólares, lo que equivale al salario de 1,693 futbolistas mujeres de algunas de las mejores ligas del mundo que incluye a Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia, Australia y México.

En el caso específico de México, este mismo estudio reveló que el sueldo promedio mensual para las jugadoras de la Liga Femenil MX es de 3 mil 420 pesos, mientras que para los jugadores es de 630 mil pesos. 

Desigualdad en todos los sentidos

Pero además de esta enorme diferencia salarial, que en muchos casos obliga a las futbolistas mexicanas a dejar el fútbol “profesional” porque no pueden cubrir sus necesidades básicas con esta actividad, las condiciones laborales que les ofrecen los clubes no son las mismas para ellas que para sus equipos varoniles.

Jugadoras de equipos como las Centellas del Necaxa y en su momento las Tiburonas de Veracruz, denunciaron en repetidas ocasiones que las directivas las hacían viajar a sus partidos en autobús, mientras que a los hombres les dan todas las comodidades para las concentraciones y viajes antes de los partidos. Aunado a esto, los viáticos los cubrían de sus bolsillos, cosa inaudita para una liga profesional.

Si bien es cierto que la Liga Femenil MX tiene apenas poco más de tres años, la realidad es que los clubes no valoran de la misma manera lo que pueden aportar las mujeres al fútbol y justifican las diferencias salariales, bajo la perspectiva de que los clubes continúan invirtiendo en el desarrollo y crecimiento de las jugadoras, por lo que en general consideran que la calidad y el espectáculo que ofrecen no es suficiente para hacerlo comercialmente rentable.

Pero la brecha salarial no solo se da con referencia a los hombres, sino también entre los mismos equipos femeniles. Ejemplo de ello son las Rayadas de Monterrey o Tigres femenil, escuadras que de acuerdo al sitio Goal, tienen los mejores salarios en la Liga MX, ya que sus estrellas pueden ganar hasta 60 mil pesos, pero en otros clubes las jugadoras solo reciben “becas” que no superan los 2 mil 500 pesos mensuales.

El feminismo y el fútbol

Otro caso significativo de esta lucha se ha dado en Argentina, donde apenas en 2019 la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció de manera oficial la creación de una liga femenil profesional, y obligó a los clubes a ofrecerles contratos laborales al menos a ocho jugadoras por equipo, un avance que si bien no es suficiente marca el inicio de cambios importantes.

El hecho de que reconocieran a las jugadoras como profesionales y que les otorgaran garantías salariales, trascendió más allá de las canchas y tuvo un impacto importante a nivel social, ya que en ese mismo año las futbolistas que participaron en el Mundial de Francia y en los Juegos Panamericanos, se convirtieron en celebridades en sus ciudades natales y ejemplo para las nuevas generaciones.

Entonces el fútbol femenino en Argentina tomó otra dimensión, ya que fue vinculado a los movimientos feministas como una herramienta útil para su lucha, en donde aprovechan esta actividad deportiva para romper los prejuicios sociales en ámbitos dominados tradicionalmente por hombres.

Conquistan las canchas y las calles

Tal como lo señala la periodista argentina Ayelén Pujol, autora del libro '¡Qué jugadora!', quien asegura que las desigualdades en el fútbol fueron en parte motivo para que el “movimiento feminista, incluyera la lucha de las futbolistas en su agenda de prioridades y ahí se da una articulación muy interesante entre lo que sucede en las calles y lo que sucede en las canchas”.

De tal manera que la autora asegura que han redescubierto al fútbol desde una perspectiva diferente y ahora lo consideran como “un juego muy feminista”, ya que representa “todas esas cosas que nos dijeron que las mujeres no podíamos hacer" y que ahora las canchas forman parte de esos espacios que han ido ganando con su lucha.

Pero más allá de eso, Ayelén Pujol, señaló en una entrevista para El Diario, que el fútbol representa valores de apoyo y solidaridad que no se les había permitido disfrutar. “Te pasas la pelota con la compañera, nunca estás sola, si perdés una pelota hay otra que te cuida la espalda, si te caes hay una que te ayuda a levantarte y el gol lo celebras con todas…” asegura.

Así, las mujeres han ido ganando terreno en el mundo del fútbol y han aprovechado estos espacios para  empoderar su lucha ante las desigualdades salariales y laborales que históricamente han padecido, sobre todo en entornos donde la visión masculina ha sido predominante y exclusiva a lo largo de los años.

 

 

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