15 Abril 2019
Los ataques cibernéticos donde se roban miles de millones de dólares cada año al infectar sistemas para obtener información, datos personales o dinero, pueden quedarse cortos al lado de los smartphones, que son los aparatos de espionaje más usados de la historia.
Rastrean ubicaciones, escuchan conversaciones, graban vídeos y toman fotografías y en la mayoría de los casos los dueños de los teléfonos inteligentes ni se dan cuenta de esto. Son los instrumentos de espionaje modernos más masificados de la historia.
A veces, ni siquiera se necesita que el smartphones sea hackeado por algún experto criminal, solo basta con aceptar las condiciones de aplicaciones digitales, donde piden tener acceso a la lista de contactos, de correos electrónicos, para detectar la ubicación en tiempo real o para el uso de la cámara.
Además, las aplicaciones digitales, las redes sociales y los programas de reconocimiento facial, son otras de las herramientas a través de las cuales los delincuentes cibernéticos u otras empresas, pueden tener plenamente ubicadas a las personas solo con analizar las “inocentes” selfies que todo mundo hace.
Espionaje masivo y de manera muy simple
Adriana García, directora general de Symantec México, señaló que “los smartphones probablemente podrían ser el más grande dispositivo de espionaje jamás creado” ya que tienen una cámara, un dispositivo para escuchar y un rastreador de ubicación, pero lo peor de todo es que es “un solo aparato que es llevado en forma voluntaria por su dueño”.
En ese sentido, explicó que de acuerdo a las investigaciones que ha realizado esta empresa de seguridad cibernética, 45 por ciento de las aplicaciones más populares para Android y 25 por ciento para iOS, “solicitan rastrear su ubicación”.
Por otra parte y con respecto a la posibilidad de grabar vídeo y audio, “46 por ciento de las aplicaciones más populares para Android y 24 por ciento de las aplicaciones más populares para iOS”, solicitan permiso para tener acceso a la cámara del dispositivo como elemento esencial para poder funcionar.
Y con respecto a las cuentas de correos electrónicos y la información de los contactos, 44 por ciento de las principales aplicaciones para Android y 48 por ciento para iOS, comparten las direcciones registradas por el usuario.
Finalmente, Adriana García también destaco las aplicaciones que sirven para monitorear la ubicación de los menores o para localizar al propio smartphone cuando se extravía o lo roba, acciones que parecen muy útiles pero que abren la puerta para que los hackers se aprovechen de esto.
“Las herramientas digitales que recopilan datos de teléfono celular para rastrear niños, amigos o teléfonos perdidos también están al alza, y preparan el camino para cometer abusos al rastrear a otros sin su consentimiento”, dijo la directiva.
Otros delitos cibernéticos al alza
Por otra parte, Adriana García también informó que se ha dado un alza considerable en otros delitos cibernéticos como el uso de formjacking, un código JavaScript malicioso para robar detalles de tarjetas de crédito y otra información de los formularios de pago en las páginas webs de sitios de comercio electrónico.
De acuerdo a cifras de Symantec México, más de cuatro mil 800 sitios web son comprometidos por este código cada mes y esta empresa “bloqueó más de tres millones 700 mil ataques de este tipo en terminales durante 2018”.
Con este código, que en realidad no es nuevo pero que ha tomado auge en el último año, “los cibercriminales pueden haber recopilado decenas de millones de dólares el año pasado, robando la información financiera y personal de los consumidores”, explica esta empresa en declaraciones que retoma Notimex.
Y el problema real es que “los consumidores no tiene manera de saber si están visitando un minorista infectado en línea, dejando su valiosa información personal y financiera a merced de un devastador robo de identidad", señala Adriana García.
De esta manera, con los smartphones son los aparatos de espionaje más usados de la historia y con códigos maliciosos que son cada vez más imperceptibles de detectar las para las personas, el robo de información, de datos personales y de recursos financieros amenaza la tranquilidad de los usuarios que por necesidad, gusto o ambas, tiene que estar inmersos en el mundo digital de manera casi obligada.