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El Blog de Daniel Higa Alquicira

¿Qué nos dejó la visita del Papa a México?

papa-en-mexico.jpgDespués de muchos años de que el Papa Benedicto XVI tenía a México en el olvido –contrario a su antecesor Juan Pablo II- por fin visitó tierras mexicanas y fue recibido con el tradicional fervor que caracteriza a los fieles hijos de la Virgen Morena, que jubilosos abarrotaron las calles, plazas y carreteras por donde pasó el “Papa-movil” en sus traslados por el estado de  Guanajuato.

Luego de que el fin de semana los espíritus católicos se llenaron de esa gracia que provoca la figura del Papa entre sus seguidores, México regresó a la normalidad con la nostalgia de algunos de haber dejado atrás el “paraíso terrenal” momentáneo, para tener que afrontar en las mismas circunstancias que antes los problemas y miedos con los que se vive actualmente.

Y es que contrario a los pronósticos de ciertos jerarcas de la iglesia católica en nuestro país, que vislumbraban el arribo de Benedicto XVI como un elemento poderoso para frenar la violencia, para cuando el Papa estaba recorriendo algunos sitios del Bajío, en otras regiones se contabilizaron al menos 24 muertos durante el fin de semana.

Es decir, no se dio esa “tregua” de la que tanto se habló previo a la llegada del jefe de Estado del Vaticano. Por otro lado, a pesar de que en los discursos del Papa afloró la idea de no dejarse vencer ante las adversidades e intentó –de una manera muy simbólica- crear un mensaje de paz para los mexicanos, de cierta manera esto no tuvo un impacto duradero en gran parte de la sociedad, que vieron la visita del Papa como un espectáculo más de un personaje famoso.

Sus palabras no tuvieron secuelas ni provocaron reacciones positivas y contagiosas, a pesar de que los comentarios durante las transmisiones de televisión por parte de los conductores designados, estaban orientados a describir a este hombre como un ser superdotado e irreal y no como uno más –el más poderoso si se quiere pero uno más- de la estructura orgánica de la Iglesia Católica.

Mucho se habló de los efectos y las intenciones electorales que involucraron a esta visita papal. Lo cierto es que esto no se pueden calcular de manera clara debido a que fue un evento muy local; es decir, prevaleció el arraigo regional y no se extendió a un ámbito nacional. Además y a pesar de los millones que siguieron las transmisiones, lo cierto es que Ratzinger no tiene ni el carisma ni el encanto de Juan Pablo II, por lo que no es en sí mismo un factor motivacional y esto lo aleja mucho del sentir del pueblo.

No alcanzó pues esta visita para permear de esperanza y buenas voluntades a todo el pueblo mexicano como lo aseguró en uno de sus discursos Felipe Calderón. Seguramente ellos, la pareja presidencial, los funcionarios del gabinete, los políticos, los invitados de honor y los que pudieron estar cerca del Papa, se emocionaron y se conmovieron. Tal vez algunos de los que hicieron vallas y esperaron muchas horas para verlo algunos segundos cambió su ánimo y su espíritu se llenó de optimismo. Lo cierto es que fue un hecho importante en la agenda diplomática y religiosa, pero su efecto duró el tiempo que tardó en subirse al avión que lo llevó de México a Cuba.

Lo que si se pudo comprobar, es que la visión de la alta cúpula que maneja a México sigue viendo a la religión católica como la única, la oficial y la verdadera. A los políticos les gana su educación católica –que dicho sea de paso están en toda su libertad de ejercerla como seres humanos que son- y no saben cómo actuar ante la figura del Papa, si con el protocolo que se merece un representante de un Estado independiente o con la humildad  que exige un guía espiritual que –así lo presentan- es el más cercano a díos debido al puesto que ostenta.

De esta manera, en términos generales la tan esperada visita del Papa a México fue un remanso para algunos, como los familiares que perdieron a un ser querido en el marco de la “lucha en contra del crimen organizado” y fueron invitados por parte del presidente a platicar con Benedicto XVI como una muestra de que los “daños colaterales” –como son llamadas las víctimas inocentes por parte del gobierno federal- son ya tomadas en cuenta desde la perspectiva oficial.

Para otros, como las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes y principalmente para las personas vinculadas a las denuncias contra el Padre Maciel, esta visita papal ratificó la irresponsabilidad y la falta de compromiso de Ratzinger de solucionar una situación de la que él mismo fue un cómplice involuntario al cubrir o desestimar las evidencias a las que tuvo acceso y castigar en su momento a los culpables, como fue la exigencia inicial de los denunciantes.

Sin embrago, ni con esta “ayuda divina” las cosas van a mejorar para miles de personas que han sufrido en esta ola de  violencia generada en México. O los pobres que nadie los ve ni los escucha.  O los damnificados del sismo de la semana pasada, que en varios municipios de Guerrero y Oaxaca, familias muy pobres perdieron sus casas, sus pequeñas pertenencias y a pesar de que la ayuda se supone ya llegó, hay reportes de que está almacenada en bodegas y ninguna autoridad local hace nada para ayudar a estas personas.

Está comprobado que México sigue siendo mayoritariamente católico, pero esto también se ha convertido en un pretexto para desestimar a las otras religiones e imponer una visión autoritaria que se contrapone con la libertad de culto que garantiza la constitución para cualquier ciudadano. Y esto quedó de manifiesto en eventos como este, en donde grupos ultraconservadores aprovecharon la visita del Papa para denigrar e insultar a individuos que manifestaron su desacuerdo con este acto.

Lo peor es que esta intolerancia a veces es promovida desde el propio gobierno y sus funcionarios, que –sobre todo en los dos últimos sexenios- han dado muestra de intolerancia religiosa y han actuado en contra de los propios derechos de los ciudadanos, como es el caso de los abortos legales, que levantó controversia e incluso fue el propio gobierno de Calderón el que intentó echar abajo la ley que se aprobó en la Ciudad de México para que las mujeres puedan elegir libremente si quieren o no tener un hijo.

Así, la fe de cada persona y sus creencias religiosas deberían de ser la base para ser mejores seres humanos, encontrar el equilibrio emocional y saber entender que en este mundo hay diferencias, pero sobre todo tolerarlas, cosa que les cuesta mucho trabajo a algunos dirigentes, tanto del Vaticano como de México.

(Columna seamanal del diario Internationa Business Times México)

http://daniel-higa-alquicira.suite101.net/

twitter@danielhiga_al

 

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