30 Enero 2014
Nada especial para comer. Chuletas de puerco, arroz, vegetales verdes, café y té. Un menú bastante común para el día de su muerte. Édgar Tamayo fue finalmente ejecutado por el estado de Texas luego de 20 años de cárcel y una larga agonía debido a las apelaciones que finalmente no aceptó la Corte para evitar su ejecución.

Tamayo es ahora famoso. Es un caso que revive la eterna lucha entre la validez de la pena de muerte como factor persuasivo en la sociedad y la violación de los derechos humanos del condenado.
Es un ejemplo más de cómo los sistemas de justicia de los Estados Unidos involucran de forma inseparable el origen y la nacionalidad de las personas para prejuzgar los casos. Donde se limitan a ejercer una acción penal aprovechándose de las limitantes o la ignorancia de los acusados, para no permitirles defenderse correctamente.
¿Justa o injusta su ejecución?
Tamayo fue condenado a muerte por el asesinato de un oficial de policía. En el juicio no se demostró plenamente su culpabilidad, tal vez fue víctima de tortura psicológica y el principal punto en su contra fue el haber bebido demasiado ese día y tener antecedentes penales en el estado de California. Ah! Y por supuesto ser mexicano.
Pero también está la acción plena de la justicia. Para la familia de Guy P. Gaddys, el castigo para Tamayo fue el correcto. “Nosotros no pedimos que pasara esto pero así lo decidió un jurado. Por lo tanto se hizo justicia… [y mi] despedazado corazón estará más tranquilo a partir del día de hoy", dijo Gayle Gaddis, la madre del oficial.
¿Entonces fue justa o no la ejecución? ¿Cómo familiar de una persona asesinada, independientemente de donde suceda, ver morir al asesino significa un alivio para el dolor de perder para siempre a un ser querido? ¿Nos ciega el hecho de que Tamayo fuera mexicano y por eso vemos como un exceso y una violación a sus derechos su ejecución?
Judicialmente, la Corte Internacional ordenó revisar y reconsiderar la condena a Tamayo así como a los otros 51 casos de mexicanos condenados a la pena de muerte (Caso Avena), por irregularidades en el juicio y no tener asistencia y protección de autoridades consulares de México.
Es decir, el estado de Texas se pasó por el arco del triunfo está resolución y ejecutó como lo tenía previsto a Tamayo. Un hombre que pasó casi la mitad de su vida en una prisión y que encontró la muerte justo cuando perseguía el tan anhelado “sueño americano”.
Su historia no es muy diferente a las miles que existen de paisanos encarcelados en los Estados Unidos. Un día deciden dejar su tierra natal, toman un autobús a la frontera, pagan a los “coyotes” para que los “pasen al otro lado”, buscan a algún amigo o familiar en suelo estadounidense y empieza así su travesía ilegal que puede terminar en una cárcel e incluso, con penas de muerte.
Pero este “sueño americano” tiene varias implicaciones. Por un lado, evidentemente tiene que ver con la falta de oportunidades en ciertas zonas del país, sobre todo las que dependen del campo. Por otro, a la cultura migrante que se ha ido desarrollando en comunidades enteras y que se ha convertido en el único proyecto de vida de niños y jóvenes, que al ver cómo sus padres y los varones mayores han emigrado y “mejorado” su calidad de vida, ellos deciden seguir sus pasos.
Las historias de los mojados e ilegales
La muerte de Édgar Tamayo pone nuevamente en la ventana principal el tema de la cultura migratoria, de los mojados y los ilegales, como una parte inseparable de la sociedad mexicana. Pareciera que aquel que no tiene a algún familiar o conocido en los Estados Unidos, está fuera de la norma.
Tamayo llegó a los Estados Unidos porque ya había amigos y familiares ahí. Se fue de México porque quería comprar un carro y ayudar a su familia mandándoles dinero. Dejó Miacatlán y su familia para mejorar su calidad de vida material. Ahora regresa a su tierra sin nada que ofrecerle y con las promesas incumplidas que hizo en aquel lejano 1986.
México vive una etapa en donde las muertes son la noticia diaria. Los asesinatos y escenas de sangre y violencia dejaron de sorprender a la audiencia. Pero paradójicamente, la ejecución de un compatriota que fue condenado a muerte por encontrarlo culpable de un delito grave en otro país, ha causado un revuelo mayor en la sociedad.
La muerte en México
Ojala que el caso Tamayo sirva para volver a valorar la vida de las personas como algo invaluable y que los miles de muertos que se acumulan por todo México, tengan el mismo impacto y resonancia que tuvo su ejecución. Que se convierta en un hecho de justicia también y sobre todo, para las personas inocentes que han perdido la vida en medio de la violencia desmedida que vivimos a diario.