11 Septiembre 2013
La imagen más representativa del Zócalo hoy día es una superficie de plásticos multicolores que van conformando las casas de campaña del plantón de los maestros de la CNTE. Afuera de este escenario todo es caos, marchas, cierres de calles y de transporte público, toma de edificios y la indignación de muchos ciudadanos que ven afectadas sus actividades cotidianas por estas acciones.

El grito de guerra de los maestros disidentes ha sido durante poco más de quince días “no a la Ley de Servicio Profesional Docente”, una de las tres leyes secundarias de la Reforma Educativa. Esto se ha minimizado en la frase de que no están dispuestos los maestros a ser evaluados.
La imagen pública que se ha creado en algunos medios de comunicación –sobre todo en televisión- de estos maestros disidentes es de ser unos irresponsables, flojos y hasta son acusados como un grupo de vándalos que tienen que ser controlados o en el extremo, reprimidos. Son una minoría, dijo Peña Nieto en su viaje al G20.
Las casas de campaña
Pero todo cambia cuando uno traspasa los límites marcados por las cuerdas que sujetan las casas de campaña y -prácticamente a gatas en algunos tramos- se adentra a la realidad del plantón. No hay ninguna señal de comodidad, no hay espacio libre, no hay orden en cuanto a la distribución de las casas de campaña; pero tampoco hay signos denigrantes, no hay suciedad ni mucho menos inmundicia, como lo quieren hacer ver algunos comunicadores.
Adentro, los maestros son recatados en sus palabras y no hablan más de lo suficiente. Pero platicando con un grupo de profesores de Telesecundarias de la región Mixe de Oaxaca, su sentir es mucho más amplio, concreto y realista de lo que los propios líderes de la CNTE han sido capaces de expresar.
No están en contra de la evaluación ni de las capacitaciones, están luchando porque estas evaluaciones consideren las condiciones socioeconómicas de cada región. “No se puede evaluar de la misma manera a un profesor de una zona urbana de Monterrey con un profesor rural de una región alejada de Oaxaca”, me platicaba el maestro Manuel Gómez –nombre ficticio que utilizó porque ellos no pueden dar declaraciones a los medios sin previo acuerdo de los líderes de las asambleas-.
En cuanto a las capacitaciones obligatorias, ellos esperaban que la ley secundaria incluyera algún apartado en donde se considerara la realidad de los maestros rurales. “Si la escuela queda a 11 horas de viaje de la zona urbana más cercana, a qué hora se va a capacitar un maestro si los fines de semana los invierte en ir a su casa, estar unas horas con su familia y regresar el domingo por la noche a su centro de trabajo ¿Cómo le va a hacer?”, explica el docente.
La vida fuera de la ciudad
Pero también saben que aún en el caso –que no sucedió- de que la Ley de Servicio Profesional Docente incluyera todos los lineamientos que entregó la CNTE a los legisladores, ni aún así sus condiciones laborales cambiarían.
Seguirían sin internet en la mayoría de las telesecundarias, las escuelas tendrían los mismos problemas de infraestructura –cuando en el mejor de los casos hay escuelas, porque el grueso de estos planteles son chozas de madera y piso de tierra-, las distancias no se acortarían entre los centros urbanos y las escuelas rurales y los niños seguirán yendo a estudiar con el peso del hambre y la miseria en sus mochilas.
Porque el hambre y la pobreza son la mayor característica de estados como Oaxaca, Guerrero, Tabasco y Chiapas, donde curiosamente los maestros disidentes son más combativos y organizados, incluso para mantener un platón en el DF.
“La gente critica las condiciones en las que estamos en el plantón –dice el maestro rural-, pero nosotros estamos acostumbrados a las incomodidades y las penurias, compartimos la pobreza de las comunidades en donde damos clases. Nosotros como docentes no somos pobres, pero vivimos a diario estas condiciones que imperan en los poblados donde enseñamos”.
No son para nada justificables los daños y problemas que han causado con sus marchas y plantones en la Ciudad de México, pero tampoco es justo que algunos medios de comunicación se empeñen en querer demostrar que este movimiento no tiene corazón y cerebro.
Que los líderes de la CNTE utilicen un discurso político desgastado y frágil para exponer las razones de su lucha ha sido el principal problema del movimiento, y esto ha generado un hueco enorme entre ellos y la sociedad, llenado entonces con información falsa, tendenciosa o manipulada por algunos de medios de información.
De políticas públicas pobres
Pero la realidad es que la educación en México es deficiente porque el modelo con el que se aplican las políticas públicas en temas sociales es igual de deficiente. Un alumno no explotará todo su potencial académico si antes no tiene alimento suficiente y servicios que mejoren su calidad de vida; o un maestro no podrá mejorar y capacitarse si su centro de trabajo queda a 11 horas de camino y parte de ese trayecto lo tiene que hacer a caballo o a pie.
Suena exagerado para el México “próspero y de vanguardia del siglo XXI” que tenemos en las grandes ciudades. Pero la realidad es que hay zonas del país que parecen que se estancaron en las postrimerías del S XIX, con las mismas pobrezas, miserias y mini oportunidades. El mundo actual está tan alejado de ellos como si todo fuera una realidad paralela incomunicada.
No son justificables los daños que han causado las manifestaciones de la CNTE, pero en medio del plantón del Zócalo se puede penetrar a historias de un México que pareciera no existe y que todos –políticos, gobernantes, medios de comunicación y la sociedad misma- han intentado de ocultar de la peor manera posible: con la discriminación.
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