17 Abril 2013
Tu y yo coincidimos en la noche terrible, es el título de un esfuerzo conjunto que poco a poco se ha convertido en un referente sobre el peso que representan 127 trabajadores de los medios de la comunicación (reporteros, colaboradores, fotógrafos, editorialistas, voceadores, administrativos, etc.) muertos o desparecidos en los últimos 13 años en México.
El proyecto editorial fue coordinado por Lolita Bosch y Alejandro Vélez Salas, creadores del sitio Nuestra Aparente Rendición, y el resultado fue un libro con la reseña de cada uno de los trabajadores de los medios de comunicación muertos en estos años, escritas por el mismo número de periodistas –principalmente- que colaboraron de forma solidaria.
En la recién estrenada pagina web de Tu y yo coincidimos en la noche terrible, dice a manera de explicación: “fue primero una voluntad común contra el olvido y la impunidad, luego un libro y ahora una página web que guarda memoria de los periodistas y trabajadores de la información asesinados y desaparecidos en México desde el 2 de julio de 2000”.
El libro se presentó en el VIII Encuentro Internacional de Periodistas: Los otros caminos de la información, que se celebró en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2012. Los fondos para su realización fueron recaudados en “crowfunding” y la Universidad de Guadalajara fue de gran ayuda para lograr una primera edición de 1500 ejemplares que se repartieron de forma gratuita.
Habrá voces que discrepen si algunas reseñas deberían estar o no en este libro. Algunas organizaciones encargadas de monitorear los ataques en contra de periodistas señalaron que –para ellos-, algunos de los asesinatos no tenían relación con el trabajo periodístico y por lo tanto no eran considerados como un atentado en contra de la libertad de expresión.
Hubo distanciamientos, discordancias e incluso algunas de estas organizaciones intentaron quitarle validez a este trabajo editorial. Sin embargo y como explican sus coordinadores, “a pesar de que nos hayan preguntado en repetidas ocasiones si estamos seguros de la honradez de todos los hombres y mujeres guardados aquí, hemos querido mantenernos, radicalmente, al lado de las víctimas”.
Y es que estamos en una etapa –histórica diría yo- en donde prejuzgar es la manera más rápida para justificar los hechos. Lo vivimos en los discursos intolerantes del gobierno anterior en donde presuponían que algunos muertos –como los de Villa de Salvacar- estaban involucrados con el crimen organizado, cosa que el propio presidente tuvo que desmentir públicamente.
El punto de discusión filosófica y ética está en el hecho de que la vida humana ha perdido su valor intrínseco. La persona ha perdido su valía ontológica como ser humano y todo se reduce a ser parte de los criminales o ser un “daño colateral”, pero en ninguno de los casos se dimensiona el problema social que esto acarrea.
Por eso la importancia de proyectos como este, que más allá de utilizar el entorno periodístico con todo el peligro que representa, manda una señal de humanizar nuevamente a las víctimas. Algunos periodistas o trabajadores de los medios de comunicación seguramente no eran “un pan de Dios”, sin embrago, esto no justifica los crímenes que significaron sus muertes o sus desapariciones, cosa que las autoridades aún no han podido esclarecer.
Porque finalmente no son 127 personas asesinadas o desaparecidas. Son 127 familias desintegradas con esposas, hijos, hermanos, sobrinos, primos, etc., que vieron trastocada su integridad física y psicológica cuando se dieron cuenta que alguien al que esperaban en una reunión ya no estaba y nunca más volvería a estar, como le ha pasado a miles de hogares en los últimos años en México.
Dicen los expertos en temas sociales que la gravedad de este contexto violento que vivimos desde hace siete años no son los números de muertos en sí, sino la falta de visión del gobierno anterior- y esperemos que no sea de este también- de no contabilizar los daños desde una perspectiva multifactorial y multivectorial.
Es decir, los miles de muertos hay que multiplicarlos por al menos cinco (que es el promedio de una familia actual) y este sería la cifra que más se aproximaría a la realidad de los daños. Lo mismo pasa con estos periodistas que Tu y yo coincidimos en la noche terrible retrata, el daño va mucho más allá de los 127.
Y el propósito final de este proyecto no es solamente un recuento de nombres y reseñas que se vayan acumulando, sino una muestra de “la brutalidad, la tristeza, la nostalgia y la impunidad que hay en la raíz escrita de todas estas muertes y estas desapariciones, son un altar a su memoria. Un altar a nuestra perplejidad. A nuestro dolor. A nuestra capacidad de reacción. A nuestra esperanza…Porque, finalmente, este libro es su derecho a ser recordados”, dice el prólogo del libro.