8 Septiembre 2013
De días de grandes fiestas, besamanos y exhibiciones dolosas de poder y dinero, los primeros de septiembres pasaron –desde hace 8 años- a ser momentos de tensión social y política. Las cosas no cambiaron para Enrique Peña Nieto, que lejos de ser el heredero de la tranquilidad que blindaba a sus antecesores priístas, ahora tiene prácticamente que esconderse del pueblo para dar un mensaje con motivo de sus “logros y acciones”.

Esto gracias a que los maestros miembros de la CNTE siguen en la capital del país y están dispuestos –junto con otros grupos sociales- a incomodarle la “fiesta” a Peña Nieto. Lo cierto es que las cosas no han cambiado –o han cambiado para mal en algunos aspectos- desde que el gobierno tricolor regresó a Los Pinos.
Las demandas de los maestros con respecto a la aprobación de la Ley General Docente, han puesto de manifiesto y evidenciado que como sociedad en general seguimos padeciendo de algunos de los males que caracterizaron a los mejores momentos del autoritarismo priísta y de la amarga luna de miel panista.
Recesiones económicas, malas condiciones laborales, amaños políticos de líderes sindicales, hambre y pobreza. Pero ahora hay que agregarle ejecuciones, asesinatos, desaparecidos y desplazados como herencia de la “guerra contra el crimen organizado” y la violencia desatada en todo el país.
Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en 2012 había en México 53.3 millones de pobres, para 2013 hay 53.8 millones. La tasa de desempleo es de 5.13 % del total de la Población Económicamente Activa; superior en 0.06% con respecto a 2012.
El Bank of America y Merry Lynch han declarado que la economía mexicana está en la puerta de una recesión de dimensiones importantes debido a los índices negativos en su crecimiento –de ahí la urgencia de aprobar las reformas estructurales-.
La Secretaría de Hacienda y el Banco de México tuvieron que ajustas sus perspectivas de crecimiento de 3.8% a 1.8% para este año.
Los muertos se siguen acumulando a pesar de tener una nueva estrategia de seguridad nacional y al implícito pacto mediático de no mostrar más violencia, aunque siga ocurriendo en todo el país. El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) dio a conocer “que en lo que va del sexenio ocurrieron 12 mil 598 homicidios, mil 32 secuestros, cinco mil 242 casos de extorsiones y 90 mil 202 robos de vehículo con violencia”.
Y a nivel político, las cosas no han mejorado en este primer año de gobierno de Peña Nieto. A pesar de un inicio esperanzador con la firma del Pacto por México a cargo del PAN, PRI y PRD, en la práctica cada vez se hacen más evidentes las diferencias y la falta de acuerdos, más cuando hablamos de las famosas reformas estructurales.
Empezaron con la Reforma a la Ley de Telecomunicaciones y ahí los poderosos del ramo aceptaron las propuestas a cambio de mejorar sus posiciones en el mercado con “mayores ofertas para la sociedad”. Sin embargo, la Reforma a la Ley de Educación se topó con el rechazo social de un gran sector del magisterio que desde hace más de una semana está caminando por las calles de la Ciudad de México buscando que se dé algún milagro y se incluyan sus propuestas en al menos una de las tres leyes secundarias. Ahora ya se sumaron grupos que están en contra de la iniciativa de reforma energética presentada tanto por el PAN como por el gobierno federal.
Esto ha causado otra crisis que está por crecer debido a que ha habido abusos y falta de voluntades tanto de autoridades –estatales, federales y del DF- como de los propios manifestantes para disminuir los daños que causan sus movilizaciones a la sociedad que transita por las calles de la Ciudad de México.
Así las cosas, el descontento social con estas marchas ha sido grande y peligroso. Pero a pesar de todos los daños –por ningún motivo justificables- que han causado estos movimientos de la CNTE, no es válido “criminalizar” a los movimientos sociales –al menos a este en específico- como lo han pretendido hacer algunos legisladores y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Instigar a utilizar la violencia para desmovilizar a la sociedad tiene un precio muy alto. Pero aquí cabe hacer una reflexión que va más allá del DF. En Michoacán, Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, Coahuila, Sinaloa y Jalisco –solo por nombrar algunos estados-, hay miles de desplazados y de personas desaparecidas a quienes se le han violado sus derechos humanos, de tránsito y de expresión por parte de autoridades federales y del crimen organizado y en esos casos nadie se queja, nadie critica el actuar de las autoridades y la CNDH ha sido omisa en muchas de las demandas que han hechos los ciudadanos afectados.
Politizar y criminalizar los movimientos sociales son juegos sucios propios de las épocas autoritarias del “viejo” PRI que algunos actores intentan revivir.
Enrique Peña Nieto dará su discurso con motivo de su primer informe de gobierno pero la realidad es que México está viviendo una de sus peores crisis sociales de la historia y sigue inmerso en las crisis económicas que han caracterizado a las últimas generaciones de mexicanos. Nacimos con la crisis, crecimos con la crisis y muchos han muerto sin salir de las crisis económicas.
Vemos pues las dos caras de una realidad que no tiene forma de conjuntarse. El poder político y sus actores buscando medidas que aparentemente puedan ayudar a mejoras las condiciones del pueblo de México y su calidad de vida y por el otro lado, las quejas crecientes de grupos que no están de acuerdo con estas medidas. Y en el medio de todo, una sociedad dolida, sangrada, vulnerable y con la maldita resignación de que pase lo que pase y hagan lo que hagan, México no va a cambiar… Este es mi resumen del primer informe de gobierno de Enrique Peña Nieto.