3 Marzo 2012
Las declaraciones de la Secretaria de Seguridad Interna de los EU Janet Napolitano en su visita a México, acerca del futuro que se supone tendrá Joaquín “El Chapo” Guzmán al compararlo con Osama Bin Laden, han provocado confusión debido al tono en el que enmarcó sus palabras.
Según la primera transcripción de las declaraciones de Napolitano –y que además fueron las que tomaron los medios de comunicación- distribuída por la propia Secretaría de Gobernación (Segob), se lee: “bueno, quiero decirle algo, nos tomó 10 años atrapar a Osama Bin Laden, lo encontramos y ya sabe usted lo que pasó. Yo creo que lo mismo va a pasar con Guzmán…”
Horas más tarde, otra vez la Segob distribuyó una nueva versión de las mismas declaraciones de Napolitano pero con un pequeño detalle: “Bueno, quiero decirle algo, nos tomó diez años atrapar a Osama Bin Laden, lo encontramos y ya sabe usted lo que pasó. Yo no creo que va a suceder lo mismo con Guzmán, lo único que estoy sugiriendo es que somos persistentes cuando estamos cerca del mal y que daña a ambos países”.
El agregar un NO previo a “creo que va a suceder…” cambia totalmente el sentido. Pero amañado o no, este error –tal vez tan simple como un “error de dedo” del tecleador, que por cierto me recuerda al libro de José Saramago La Historiadel cerco de Lisboa, en donde precisamente un error así le cambia el rumbo a la historia de Portugal- fue en alguna proporción lo menos delicado de estas declaraciones.
Haciendo un análisis simple de las palabras de Napolitano, podemos vislumbrar que los Estados Unidos son los que están tomando el liderazgo en el tema “Chapo” Guzmán. Es decir, pareciera que son las fuerzas especiales de los Estados Unidos los que ya están detrás del capo más poderoso de México, que ellos lo van a atrapar o matar según sea el caso y que ellos van a terminar con una de las figuras criminales más peligrosas de todo el mundo.
El otro punto, tan discutible por cierto, es el hecho de ¿qué va a pasar cuando capturen o maten al “Chapo”? ¿En qué medida se va fracturar la estructura de su cártel? ¿Seguirá siendo el “Chapo” en este momento la única e irremplazable cabeza del cártel del Pacífico?
Hay información comprobada de que el cártel de Sinaloa -o del Pacífico- tiene presencia, negocios e influencia en por lo menos 48 países del todo el mundo. La figura del “Chapo” Guzmán está en camino de convertirse en un mito o una leyenda y su nombre está en la lista de honor de la revista Forbes de los hombres más ricos del planeta.
Su poder se extiende más allá de cualquier frontera mexicana y según dicen, su imperio llega hacia el sur hasta Argentina, en el norte controla toda la droga que entra a los Estados Unidos y hacia el este y el oeste está también muy protegido.
10 años han pasado desde que se fugó de manera increíble del penal de Puente Grande y desde ese momento empezó a crecer de forma fenomenal. Pero una duda razonable que se plante la gente de a pie es: si el “Chapo” Guzmán es tan famoso y mediático ¿cómo es posible que nadie lo haya visto y si tiene tantos enemigos, cómo nadie lo ha traicionado o cómo nadie de su grupo ha hecho declaraciones acerca de su modo de operación o incluso de su vida cotidiana?
Y podrán las autoridades mexicanas o estadounidenses -o ambas-, matar o detener al “Chapo”, pero solamente tendrán a la figura más emblemática del narcotráfico actual, a uno de los hombres más ricos del mundo y al enemigo público “número uno”, pero seguramente esto no será el fin ni de su estructura ni del narcotráfico en general.
Lo mismo pasó con Osama Bin Laden, luego de 10 años, fuerzas de elite del ejército estadounidense entraron a su casa, lo mataron, echaron el cuerpo al mar y acabaron con la figura que para ellos representaba en sí misma al terrorismo mundial.
Pero lo paradójico es que con este hecho no han terminado con el terrorismo. Los Estados Unidos siguen en alerta máxima, sus embajadas y edificios oficiales en otros países siguen amenazados y el núcleo central de Al Qaeda y demás grupos terroristas siguen operando a lo largo del mundo.
En Colombia -por poner un ejemplo muy cercano-, persiguieron en forma obsesiva a Pablo Escobar hasta que dieron con él y lo mataron. Estados Unidos invirtió millones de dólares para acabar con el narcotráfico en las décadas de los 80 y los 90 del siglo pasado y para ellos su mayor éxito fue cuando cayó Escobar. Pero el narcotráfico en Colombia no se acabó, solamente se terminó con el “monopolio” y el negocio cambió de manos.
Seguramente todo esto es una situación analizada y estudiada por los gobiernos involucrados, pero lo cierto es que se confunde a las figuras con el problema real. Tal vez Osama Bin Laden, “Chapo” Guzmán y Pablo Escobar han sido eslabones decisivos para el crecimiento y expansión de estos problemas sociales, pero no son los únicos que saben operar, organizarse y funcionar.
Esta postura adoptada por los Estados Unidos parece más bien ser uno de los pilares que sostienen la lógica de la guerra. Es decir, para que el gran negocio de las armas continué, se ataca a la cabeza del iceberg, llámese como se llame, porque de esta forma no se termina con la estructura criminal y las bases y los gobiernos seguirán necesitando armas, entrenamiento y equipo que tendrán que comprar en algún sitio…y aquí empieza otra mina de oro oculta.
Así, seguramente va a caer el “Chapo” Guzmán, pero desgraciadamente en este sexenio no va a suceder. Y Felipe Calderón tendrá que aceptar otra derrota más, al no poder detener al narcotraficante más buscado en México y los Estados Unidos. Y para cuando el “Chapo” esté en las rejas o bajo tierra, ya habrá otros líderes del crimen organizado con la capacidad de pelear por su puesto y su poder…. Como una historia sin fin.